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Las líneas que recorren los escalones no son decorativas. Forman parte de un sistema de seguridad que ayuda a prevenir atrapamientos al subir y bajar.
Imagen ilustrativa generada con IA
Las usamos en centros comerciales, aeropuertos y estaciones, pero pocas veces prestamos atención a un detalle de las escaleras eléctricas: las ranuras que atraviesan sus escalones metálicos. Aunque parecen parte del diseño, cumplen una función importante para la seguridad.
El secreto está en los extremos de la escalera. Allí, los escalones se acomodan horizontalmente antes de desaparecer debajo del piso. En ese punto hay una pieza fija llamada placa peine, cuyos dientes encajan en las ranuras mientras los escalones siguen avanzando.
Este mecanismo ayuda a impedir que objetos como cordones, bolsas o partes del calzado sean arrastrados hacia el interior de la máquina. También permite que los escalones se junten al cambiar de posición, reduciendo los espacios donde podrían producirse atrapamientos.
Las ranuras ofrecen otras ventajas: dificultan la acumulación de líquidos sobre la superficie y contribuyen a mantener una pisada más estable.
Fabricantes como Schindler destacan además la importancia de las marcas amarillas, que permiten identificar dónde termina el escalón y comienza la plataforma fija.
Sin embargo, estas medidas no eliminan todos los riesgos. Lo recomendable es sujetarse del pasamanos, mantener los pies alejados de los bordes y prestar atención al momento de salir.
Un detalle que parece insignificante es, en realidad, parte de la ingeniería que hace más seguro un movimiento cotidiano.
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