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David Bueno señala una ventana favorable entre los seis meses y los tres, cuatro o cinco años, pero recuerda que sin uso social en la vida cotidiana el colegio solo no alcanza.
Imagen ilustrativa generada con IA
En la región, como en muchas partes, familias suelen anotar a los chicos en inglés u otro idioma pensando en el futuro. David Bueno, biólogo y divulgador español especializado en neurociencia y educación, recuerda en una entrevista al podcast Tengo un Plan que el cerebro infantil es más plástico: forma conexiones con más facilidad que el de un adulto.
Por eso describe una ventana de oportunidad —aproximadamente desde los seis meses hasta los tres, cuatro o cinco años— en la que el organismo está especialmente atento a aprender lenguas. No es un cierre definitivo: quien empieza a escuchar un idioma recién a los diez u once años, dice, suele tener más trabajo. Aun así, subraya que siempre se puede aprender; cuesta más, no es imposible.
Bueno insiste en algo que resuena acá: la edad no alcanza si el idioma no circula en la vida real. Si en casa se habla solo español y en la calle tampoco se usa el inglés del colegio, años de clase pueden quedar en pocas frases hasta que el trabajo o la convivencia lo vuelven necesario. También pone en tiempo, tranquilidad y diversión por encima de la presión.
Para adultos, el mensaje es parecido: motivación y uso social aceleran el aprendizaje, como cuando una mudanza obliga a entender lo básico de otro idioma en pocos meses.
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