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Un directivo de Red Hat sostiene que muchas herramientas se pagan como servicio y conviene arrancar chico. Para pymes del Alto Valle, la clave es capacitar y supervisar lo que hace el sistema.
En comercios, talleres y estudios del Alto Valle — Fernández Oro incluido — la presión es parecida a la del resto del país: responder más rápido a clientes y proveedores sin desordenar la operación. Sumar inteligencia artificial, realidad virtual o robótica no implica, por sí solo, recortar plantilla; el riesgo aparece cuando se elige la herramienta antes de definir para qué sirve y quién la controla.
Javier Cordero, vicepresidente de Red Hat para el norte de Latinoamérica, señala que varias soluciones se contratan como servicio: una empresa puede probar un caso concreto —mejorar la atención, acelerar una revisión documental, anticipar demanda o ganar tiempo en un trámite interno— y recién después escalar. En finanzas, retail y servicios la IA ya ordena tareas repetitivas y consultas frecuentes; el equipo queda en lo que aporta criterio y conocimiento del negocio.
Cordero aclara que los casos de negocio suelen apuntar a eficiencia y no necesariamente a menos personal, con una persona revisando respuestas y decisiones (human in the loop), porque los modelos pueden equivocarse o inventar datos. También advierte que la transformación digital ya forma parte de la planificación estratégica. Para quien administra un negocio local, la pregunta práctica es qué proceso les consume más horas hoy. Falta confirmar: datos locales sobre adopción de IA en pymes de Fernández Oro y el Alto Valle.
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