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El polen no se queda solo en la calle: entra al hogar y se deposita en textiles y filtros que a veces no limpiamos. Revisar esos puntos puede aliviar molestias en el Alto Valle.
Imagen ilustrativa generada con IA
En el Alto Valle, la primavera trae más luz y calor, pero también polen. Para muchas personas vuelven los estornudos, la nariz tapada y la picazón en los ojos. Parte del problema está adentro: las partículas entran con ventanas abiertas, ropa, calzado e incluso mascotas, y quedan donde la rutina no llega.
Cinco lugares suelen concentrarlas. Cortinas y telas junto a las ventanas retienen polen al ventilar; conviene lavarlas según la etiqueta y pasar un paño húmedo por marcos y alféizares. En el living, almohadones, mantas y sillones acumulan polvo y polen aunque se usen a diario; aspirar tapizados con filtro HEPA y lavar fundas desmontables ayuda. En la entrada, felpudos y alfombras recogen lo que trae el calzado: dejar los zapatos ahí y usar calzado de interior reduce lo que circula. En el dormitorio, sábanas y almohadas pueden recibir polen por ventanas, ropa o pelo; lavar la ropa de cama con frecuencia y evitar tender al aire libre en días de mucha carga de polen limita la exposición nocturna. Por último, filtros de aire acondicionado o calefacción sucios recirculan partículas: hay que limpiarlos o reemplazarlos como indica el fabricante.
Para no dispersar alérgenos, mejor paño húmedo que plumero o escoba seca, y aspirar con HEPA cuando sea posible. La higiene del hogar complementa, no reemplaza, el tratamiento médico si los síntomas duran semanas o hay dificultad para respirar.
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