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Investigadores de McGill difundieron una prueba de concepto que usa microorganismos en microcanales. No reemplaza la PC de casa: es complemento para problemas matemáticos muy duros.
Imagen ilustrativa generada con IA
Un equipo internacional liderado por la Universidad McGill, en Montreal, presentó una biocomputadora experimental: bacterias vivas recorren una red de microtúneles y exploran muchas rutas a la vez. El aviso público circuló el 3 de noviembre; el estudio salió en agosto en la revista científica Nature (Microsystems & Nanoengineering), tras unos veinte años de trabajo con colegas de Canadá, Europa, Reino Unido y Australia.
Para probarla tradujeron el problema de la suma de subconjuntos —un cálculo que se vuelve explosivo cuando crecen los datos— en un laberinto físico: cada bifurcación es una decisión y cada camino, una solución posible. Emplearon Escherichia coli por moverse de forma predecible y Vibrio natriegens por reproducirse rápido; al dividirse, suman unidades de procesamiento mientras avanzan. Con análisis de imágenes siguieron qué trayectos cumplían las reglas y ajustaron la temperatura para evitar atascos.
Los autores sostienen que, frente a computadoras electrónicas secuenciales, este enfoque puede resolver ciertos árboles de decisión con una fracción de la memoria RAM. Dan Nicolau, bioingeniero de McGill y autor principal, aclaró a medios que no apunta a reemplazar chips convencionales ni cuánticos, sino a problemas para los que el hardware sólido no está diseñado. El prototipo sigue siendo pequeño, más lento por bacteria y sensible a errores en las uniones; las proyecciones de escalado son teóricas. Falta confirmar cuándo podría traducirse en aplicaciones industriales con ventaja demostrada frente a procesadores actuales.
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